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lunes, 1 de septiembre de 2014

JADE O CHALCHIHUITE

JADE O CHALCHIHUITE
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Del náhuatl chalchihuitl, jade, precioso, verde azul, verde esmeralda. Comenta Tibón (1983) que era en el México antiguo el mineral más precioso y era signo de todo lo valioso, hermoso y rico, mucho más que el oro y la plata. Los olmecas introdujeron la elaboración de esta piedra en Mesoamérica durante el primer milenio anterior a nuestra era. Por su color verdeazul, que es el del agua, los chalchihuites eran la representación de la diosa del agua, Chalchiuhtlicue o Chalchiuhcueye, “la que tiene su falda de chalchihuites”, estas piedras más que emblemas, eran “fracciones” de la diosa misma, y como tales objeto de honda veneración. Chalchiuhtlatonac, “Sol de jade” es contraparte masculina de Chalchiuhtlicue; también es apodado “Sol de jade”, el “príncipe de las flores”, Xochipilli. Una de las advocaciones de la diosa terrestre-lunar Chicomecóatl es Chalchiuhcíhuatl, la “mujer preciosa” que presidía a la abundancia y la alegría de vivir. 
      

En sentido figurado el chalchihuite es el protector mágico-religioso por excelencia y para tal efecto era necesario calentarlo al sol, la ceremonia comprendía ofrendas y sacrificios de codornices. Quetzalcóatl sahumaba los chalchihuites. Su poseedor podía ver realizado cualquier deseo que formulaba. Era considerado un corazón humano, el cual se ponía en la boca del difunto para que tuviera vida en el más allá y lo ofrendase a Mictlantecuhtli, al llegar al término del largo y penoso viaje en el inframundo. El chalchihuite no sólo tiene vida, sino que es chalchiuhgenético, que da vida; la gema se colocaba en una cavidad expresamente cincelada en medio del pecho de las estatuas de piedra, así la deidad, dejaba de ser fría imagen adquiriendo vida, ejemplo notable es el del inquietante Tláloc de Castillo de Teayo con la cara doble. El hueco cuadrado en el pecho no contiene ya el chalchihuite y tampoco la cavidad redonda debajo del collar de la Chalchiuhtlicue colosal de Teotihuacan que se admira en el Museo Nacional de Antropología. 
                   

Se dice que Chimalma, madre de Quetzalcóatl, lo concibió porque se tragó un chalchihuitl que encontró mientras barría. El nahuatlato Alvarado Peralta (1992) me comentó personalmente que Mixcóatl, “serpiente de nubes”,  al andar de cacería, encontró bañando en un arroyo de Amatlán, pueblo tlahuica no lejos de Tepoztlán, Morelos a Chimalma tirándole cinco flechazos, de punta de jade, el último de los cuales le pasó entre las piernas, quedando embarazada de Quetzalcóatl. 

Comenta Alvarado Tezozómoc, que el rey de México Huitzilíhuitl echó un chalchihuitl a la princesa Miahuaxíhuitl, hija de Ozomatzinteuctli rey de Cuernavaca, la cual se hallaba sola pero bien vigilada en su jardín, ésta tragó la gema, “con lo cual dio principio su embarazo y concepción de Moctezuma Ilhuicamina”, el cual nació en 1390. Años después, en 1461, según los Anales de Cuauhtitlan,  Moctezuma Ilhuicamina, venció y ajustició al insolente Atonal, rey de Coixtlahuaca, y al buscar intimidad con la reina viuda, la vista de un chalchihuite donde no esperaba encontrarlo provocó que se desmayara. Los dos quedaron buenos amigos, puesto que la viuda se volvió eficaz recaudadora de los riquísimos tributos mixtecos. Otro caso de partenogénesis, concepción o embarazo sin intervención del macho, ocurrió con Coatlicue, “falda de serpientes”, mientras ésta barría como penitencia en el cerro del Coatepec, cayó un plumón de quetzal del cielo, mismo que guardó en su regazo, quedando embarazada de Huitzilopochtli…


Continúa comentando Tibón: La sangre que se vierte en los sacrificios, chalchiúhatl, es el “agua preciosa”: aquí lo rojo por excelencia se vuelve verde no por el color, sino por el hondo significado esotérico del color verde, el del chalchihuite.

Quetzalcóatl baja al inframundo para recoger los chalchiuhómitl, huesos de muertos, con cuya masa molida plasma la nueva humanidad. Estos huesos no son verdes, sino preciosos, metafóricamente de jade; y el dios los coloca en el chalchiuhapaztli, la vasija de jade por tratarse de la sustancia más valiosa del mundo.

Jade es un nombre genérico; define a tres piedras, semejantes en apariencia; la jadeíta, la nefrita y cloromelanita. Sólo el gemólogo especializado puede identificarlas. Nuestros jades bajan de color, desde el verde hasta el blanco, pasando por un color esmeraldino intenso y un azul verdoso (xoxouhqui) a un verdeazul claro y a todos los matices del gris. Obviamente el más apreciado era el verde más vivo, color de vegetación, del maíz verde. En el antiguo mundo náhuatl se conocían otras piedras verdes más modestas: la serpentina; la sausurita; algunas obsidianas verdecentes; el cuarzo verde o prasio; la prehnita y el xíhuitl o turquesa. Los lapidarios del imperio azteca eran los xochimilcas. La esmeralda, la gema verde más preciosa del Viejo Mundo, era desconocida en Mesoamérica.

Las piedras más comúnmente usadas para imitar los jades son la esteatita, el tecali de Puebla (grado de dureza 3) teñido de verde y la serpentina (dureza 4). El vidrio común tiene la dureza 5, un poco menos que la obsidiana y un cuchillo de acero; de suerte que nefrita y jadeíta inciden vidrio y obsidiana, en tanto que un cuchillo de acero no incide ninguna especie de jade. El uso prehistórico del jade para fabricar hachas, cuchillos, puntas de flecha, se debe a su dureza.
Fundados en la realidad de los tributos. Dos fueron las principales fuentes de abastecimiento de jade: la costa septentrional de Veracruz; la Sierra Madre del Sur en Guerrero, Puebla, Oaxaca y Chiapas. Es probable que no procedan de grandes vetas y que los jaderos encontraran las piedras en guijarros y cantos rodados en el lecho de arroyos y de ríos. Se encontraban frecuentemente en el río Balsas. También en el río Tesechoacán, en el estado de Veracruz, tal vez arrastrados de la Sierra Chinanteca.

Sahagún refiere que los mexicas tenían sus señales para descubrir los chalchihuitl; si al querer salir el sol veían en la tierra un humillo delicado, era señal que ahí había criadero de piedras finas, o algunas estaban allí escondidas: si la hierba se conservaba siempre verde en algún lugar, sin duda que debajo yacían los chalchihuitl.
El uso de jade y turquesa era prerrogativa de los principales, afirma Sahagún aludiendo a las piedras preciosas, y añade: “Es señal de que es persona noble el que las trae…; a los macehuales (o sea la gente del pueblo) no les era lícito traerlas”. El jade se empleó en dijes, orejeras, pendientes pectorales, y otros adornos de la persona y en estatuas, vasos, objetos que no parecen haber tenido más fin después, del mágico-religioso, que el deleite de sus dueños. Las incrustaciones dentarias de jade se destinaban a los sacerdotes, personas del más alto rango, que debían conservar su poder, su prestigio, su reputación. Es muy probable que la vista de las piedras sacrosantas en la boca de los potentados, cuando éstos hablaban y reían, produjera un impacto psicológico en el común de los mortales; esto contribuía a mantener el respeto popular por su jerarquía.

En el Librito de las hierbas medicinales de los indios, de Martín de la Cruz, médico azteca de Xochimilco, traducido del náhuatl al latín en 1552 por Juan Badiano, se menciona ocho veces la piedra verde como ingrediente adicional en medicamentos vegetales y animales. El poder sacral insito en el chalchihuite, en el pensamiento de los médicos prehispánicos, contribuye al efecto terapéutico del remedio. Los conquistadores adoptaron el uso tradicional del jade para curar los cólicos nefríticos. Los cálculos, o piedritas renales, se debían curar, según el principio homeopático, con otras piedritas. La piedra de la ijada será el remedio de elección contra el dolor de la ijada. Pronto se conoce en Europa, los franceses transforman l´ejade en lejade, le jade, y transmiten la palabra a las demás lenguas modernas, incluyendo el propio castellano. Con razón otro nombre para el jade es piedra nefrítica o nefrita.
Estatuilla de Tuxtla

     Extraído de mi libro: Los Tuxtlas nombres geográficos pípil, náhuatl, taíno y popoluca, analogía con las cosmologías de las culturas mesoamericanas. Incluye diccionario de localismos y mexicanismos.



lunes, 25 de agosto de 2014

EL CADEJO

EL CADEJO

“Es el mesmo Cachudo desfrazado con cuerpo de chivo peludo, con cachos de toro y con cola de lión. Tiene unos ojos como dos brasas que  echan chispas que miran en forma penetrante y aguda  como los de los gatos de monte, echa espumarajos por el hocico y lo sigue a uno con el pennsamiento… Cuando anda nu’hace ruido, o más bien, parece al que hace un cuerpo pesado que si’arrastra, haciéndose cada vez más fuerte, sigún se va acercando... Para espantarlo hay que tener en las manos una daga de cruz, pues ni las balas ni los cuchillos le hacen “mella”. Nada más de pensar en él, recorre nuestro cuerpo un intenso calofrío y los nervios se excitan. Cuando uno lo ve se le pone el cuerpo pesado y como de plomo, sin poder ni siquiera moverse…y si en un sobrehumano esfuerzo lo hiciéramos él se pone enfrente de uno obstruyendo el camino…”

     -¡Nuestra única salvación es portar una daga de cruz, pues con ese fierro es con lo único que se puede ahuyentar al Cadejo!



     Tomado y reformado de Cuentos y Leyendas de Guatemala de Francisco Barnoya Gálvez, Talleres de UNEDI, S. A. Sexta reimpresión 1992, Guatemala.


martes, 19 de agosto de 2014

AHUIZOTE O AGÜIZOTE, NUTRIA INFERNAL.

AHUIZOTE O AGÜIZOTE
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO


     De Ahuizote, de Ahuitzotl,  de a(tl), agua + huitzotl, espinoso, de huitzli espina, púa: Espinoso del agua; animal semifabuloso, cuadrúpedo anfibio, especie de nutria de mayor tamaño, como un perro chico, con pelo sumamente liso, con orejas cortas y agudas, y hocico largo y agudo y la cola grande, a la cual se le atribuía una mano en la cola y las otras cuatro semejantes a las de los monos antropoides. Tiene la piel manchada de negro y pardo. Habitaba los lagos y manantiales del valle central de México. Se Estaba consagrado a Tláloc, atisbaba al que venía a sacar agua y se apoderaba de él con la “mano” de la cola, jala a la víctima y la mata en la profundidad , luego turba a esta y la hace verter y levantar olas, parece que es tempestad de agua, y las olas quiebran en la orilla y hacen espuma; y luego salen muchos peces y ranas de lo profundo, andan sobre la superficie  del agua y hacen gran alboroto en ella; y el que fue metido debajo allí muere, y de ahí a pocos días, el agua arroja fuera de su seno al cuerpo del que fue ahogado, y sale sin  ojos, sin dientes y sin uñas. El cuerpo ninguna llaga trae, sino todo lleno de cardenales. Cuando tardaban en llegar o no se acercaban víctimas, ponía como trampa peces y ranas o bien lloraba como niño para atraer la compasión y se acercaran a la orilla.  Solo los sacerdotes podían tocar los cuerpos de los ahogados por el ahuízotl, y eran sepultados con grandes ceremonias en el lugar del teocalli (templo) mayor, llamado Ayauhcalco (ayah(uitl), niebla +   cal(li), casa + co, en: “En la casa de las nieblas”); quienes así perecían eran reputados como bienaventurados y protegidos por los dioses tlaloque; eran finalmente llevados al Tlalocan o Paraíso de Tláloc. Era tanta su crueldad que su nombre fue impuesto al octavo emperador de México. En sentido figurado la palabra ahuizote significa malévolo, cruel, vengativo. Sahagún, Molina, Clavijero, Orozco y Berra, Robelo y varios más lo comentan.

     Los que se cortaban las uñas, echábanlas en el agua, y decían que por esto el animalejo haría que les nacieran bien las uñas, porque es muy amigo de comer las uñas.

-¡Qué manera más sanguinaria y cruel de morir para poder llegar al Tlalocan! Claro había otras maneras...



     Según la cosmología indígena prehispánica los cerros son enormes depósitos de agua comunicados con el mar, la vierten hacia los campos a través de los manantiales, los cuales son considerados lugares sagrados vigilados por los servidores de Tláloc, el ahuízotl, los ahuaztli o ahuaques; tlaloques que castigan a los impuros que se lavan con sus aguas o que visitan estos sitios a las 12 del día, momento liminal de manifestación hierofánica.


     Parece reforzar la existencia o mito de este ser el nombre de una localidad del D. F.

      Ahuizotla, D.F. “Donde abundan ahuizotes”. Zona arqueológica cercana a Azcapotzalco. Abundante cerámica recogida en tres pozos de exploración sistemática, hace pensar que este sitio fue contemporáneo del florecimiento de Teotihuacan.

      Nombre del octavo rey del México antiguo, célebre por su crueldad. || Persona que molesta, malvado.


     Ahuizotl. (¿- 1503)“Espinoso del agua, nutria”. Fue el octavo rey de México, de 1486 a 1502. Hijo de Tezozomoctli y de la princesa Atotoztli, hija de Moctezuma Ilhuicamina; hermano de Axayácatl y Tizoc; tío de Moctezuma Xocoyotzin; con Tiyacapantzin engendró a Cuauhtémoc. Muy joven comenzó a reinar, hizo grandes conquistas y dio impulso a la vida económica de la ciudad, organizando y rigiendo a los traficantes (pochtecas) que eran además espías y explotadores. Destacó como el más cruel de los jefes mexicas. Para festejar la remodelación y ampliación que completó del templo de Huitzilopochtli, fueron sacrificados en la semana de la nueva consagración alrededor de ¿20,000? personas entre mazahuas y otomíes. Legisló sobre comercio, extendió los dominios mexicas.  Murió a consecuencia del golpe que se dio en la cabeza contra el marco de una puerta al querer salir de un aposento anegado cuando el acueducto que traía el agua de Acuecuechco inundó la capital en el año chicuey tecpatl, ocho pedernales, 1500, como había predicho el señor de Coyoacán, Tzotzomatzin.


viernes, 15 de agosto de 2014

LAS PAREJAS TERESA DE CALCUTA

ESTUPENDO ESCRITO SOBRE LAS PAREJAS
TERESA DE CALCUTA

 Hay personas que tienen pareja pero se sienten tan solas y vacías como si no las tuvieran.

  Hay otras que por no esperar deciden caminar al lado de alguien equivocado y en su egoísmo, no permite que ese alguien se aleje aun sabiendo que no le hace feliz.

  Hay personas que sostienen matrimonios o noviazgos ya destruidos, por el simple hecho de pensar que estar solos es difícil e inaceptable.

  Hay personas que deciden ocupar un segundo lugar tratando de llegar al primero, pero ese viaje es duro, incómodo y nos llena de dolor y abandono.

  Pero hay otras personas que están solas y viven y brillan y se entregan a la vida de la mejor manera. Personas que no se apagan, al contrario, cada día se encienden más y más. Personas que aprenden a disfrutar de la soledad porque las ayuda a acercarse a sí mismas, a crecer y a fortalecer su interior.

  Esas personas son las que un día sin saber el momento exacto ni el por qué se encuentran al lado del que las ama con verdadero amor

y se enamoran de una forma maravillosa.


sábado, 9 de agosto de 2014

LA SERPIENTE CHICHICÚA

LA SERPIENTE CHICHICÚA
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

 Chichicúa, variedad de serpiente no venenosa. Spilote pullatus. En maya es conocida como Chaay kan.

     Cuenta Barnoya (1992:41-48) de un niño que de tanto enflaquecer está seco y pálido, con la piel pegada al hueso, y con fiebre. Pensaban que tenía paludismo o que le habían hecho mal de ojo. Hasta que el padre una noche al meterse en el tapexco (catre, camastro) donde descansaban esposa e hijo sintió  que le rozaba un cuerpo frío y viscoso descubriendo nada menos que una larga “chichicúa” que con furia de sensual enamorado succionaba los pechos turgentes y erectos de su mujer, en tanto que tenía la cola introducida entre los casi yertos y pálidos labios de su hijo, para que éste se hiciera la ilusión que estaba mamando y no rompiera a llorar. Cortando de un solo tajo con el  machete la cabeza de la feroz “chichicúa” terminó con el mal del niño.


     Chichicúa. Del náhuatl chichi(hualli), seno, mama + hua, que tiene: “Que tiene senos, nodriza”. El nombre obedece a que supuestamente da de “mamar” a la criatura.



     Barnoya Gálvez, Francisco. Cuentos y leyendas de Guatemala. Editorial Piedra Santa, 1992, Guatemala, Guatemala.


viernes, 8 de agosto de 2014

PANTITLÁN, EL PEÑÓN DE LOS BAÑOS Y EL PEÑÓN DEL MARQUÉS

PANTITLÁN, EL PEÑÓN DE LOS BAÑOS Y EL PEÑÓN DEL MARQUÉS
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Peñón de los Baños. Sitio arqueológico actualmente en plena ciudad de México, en la colonia Pantitlán. Antiguamente llamado Tepetzinco, “en el cerrito”. Cerro de origen volcánico situado en el centro de la cuenca de México, al suroeste del vaso de Texcoco. En la parte sur de su base hay manantiales de agua sulfurosas a las que se atribuyen propiedades terapéuticas. En él se inmolaba a lactantes en la gran fiesta que se verificaba a principios de cada año en honor de los dioses de la lluvia (Sah.). Según la mitología náhuatl, en el cerro se refugió Copil, sobrino de Huitzilopoctli, cuando intentó expulsar a los mexicas de la cuenca de México. Guiados por una orden de Huitzilopochtli, los sacerdotes aztecas asesinaron a Copil, se le abre el pecho, se le arranca el corazón, se le degüella, y su cabeza separada del tronco, es expuesta en Acopilco y arrojaron su corazón a una isleta dando nacimiento a un tunal que fue la señal del dios para la fundación de la capital mexica. Otra versión supone que del corazón de Copil nacieron las aguas termales. En las cercanías del penón se encontraba un manantial conocido como Aoztoc (atl, agua + oztoc, cueva: cueva del agua), de donde en época de lluvia salía gran cantidad de agua y en época de estiaje formaba un remolino o sumidero, en donde los indígenas arrojaban cuando había hambre o no llovía, a los nacidos blancos (albinos), que de puro blanco no ven, y a las personas que tenían señales, como es decir, la cabeza partida, o dos cabezas, que a estos llamaban tlacaiztalli yontecuezcomayo, cuerpos inocentes, las plantaban (¿las cabezas?)  en las tres  paredes de dentro del templo de Huitzilopochtli.  Además, arrojaban víctimas y sus despojos, ofrendas, ídolos, piedras preciosas y chalchihuites, y se comenta que también el tesoro de Moctezuma posterior a la Noche Triste. Cuando el rey Ahuitzotl sacrificó ¿ochenta mil prisioneros?, en 1487, al dedicar el templo al dios Huitzilopochtli, los desperdicios de las víctimas fueron arrojados en Pantitlán. Cristóbal del Castillo refiere que después de que llegaron los españoles se apareció Huitzilopochtli a los mexicas y les dijo que llevaran sus reliquias, el infernal envoltorio, a la laguna y la echaran en el sumidero. Tal fenómeno fue atribuido a Tlaloc y a su esposa Chalchiuhtlicue, por lo cual Moctezuma l ordenó que se levantará un brocal en forma de pirámide como adoratorio poniendo una estatua de Chalchiucueye, diosa del agua, y en tiempos de Ahuítzotl, se puso un cerco de gruesos troncos de encino con banderas hincadas sobresaliendo del nivel de las aguas para proteger a la población, porque la fuerza del resumidero jalaba a las canoas. Por estas características también fue conocido como Pantitlán (pantli, bandera + titlán, entre: “Entre las banderas”). Al área del adoratorio se le conocía también como Chalchiuhcoliuhyan, o sea, “donde el jade  se tuerce”. Alusión a la circunstancia de que en ese sitio había un resumidero y el agua del lago hacía remolinos. Las ceremonias se hacían también en otros lugares de similar condición como en Chimalhuacán, al oriente del lago.

     Peñón del Marqués. Cerro del D.F. situado al noreste del cerro de la Estrella y al sureste del Peñón de los Baños. En tiempos prehispánicos fue un islote del lago de Texcoco, llamado “Tepepolco”, de tepetl, cerro + pol, aumentativo + co, lugar: "En el gran cerro". En él se inmolaba a lactantes en la gran fiesta que se verificaba a principios de cada año en honor de los dioses de la lluvia (Sah.). Moctezuma Xocoyotzin lo utilizó como lugar de descanso. En la colonia cambió de nombre, debido a que en 1521, durante el sitio de Tenochtitlan, Hernán Cortés, futuro marqués del Valle de Oaxaca, instaló ahí su cuartel general antes de dirigirse a Coyoacán. En el presente siglo se le ha conocido como el cerro del Peñón Viejo. En la década de los años setenta quedó dentro de la mancha urbana. Tiene una altura de 2,374 m. snm.


     Tomado de mi libro inédito. Minidiccionario enciclopédico náhuatl.


sábado, 19 de julio de 2014

LA LLORONA Marina Cuéllar Martínez

LA LLORONA
MARINA CUÉLLAR MARTÍNEZ


 En el Tajín –por los arroyos secos, que pasan en medio de la gran ciudad totonaca, por la rivera del río Tlahuanapa, que corre sigiloso por las cercanías de Papantla, o por el Caracatloco, que corre detrás de las pirámides de Tajín, al lado de un viejo camino de herradura que va directo a Papantla- una mujer transparente deambula al filo de la media noche llorando por sus hijos; se queja ¡Jae kin kamán! ¡¿ni ku tawalana kin kamán?! (¡Ay mis hijos!, ¡¿dónde están?!).

     Siempre busca a sus hijos que se le perdieron mientras jugaban en el río atrapando acamayas con una fizga. Al perderlos enloqueció y se murió de tristeza.

     De tan triste que estaba no pudo encontrar el camino por donde se van los muertos y se perdió buscando a sus niños perdidos. De tanto caminar, se le acabó el cuerpo y su traje blanco se quedó relleno de aire; por eso se mete entre las corrientes del viento que corre junto a los ríos para poder desplazarse como si se deslizara sobre las olas del mar.

      De lejos, pareciera que flota como una pluma blanca al lado de la corriente de los ríos. Apenas le quedó su largo cabello –que nunca dejó de crecerle- y el recuerdo de su rostro indígena, hermoso y moreno, que el viento nunca pudo olvidar. Por eso –con la ayuda de las sombras de la noche- el aire lo reconstruye para que la naturaleza disfrute de su belleza triste.

     Cuando los totonacas pasan –a media noche- por los caminos oscuros que van al lado de los ríos y los arroyos, la Llorona se aparece y repite: ¡Jae kin kamán! ¡¿ni ku tawalana kin kamán?! Se desliza hacia los caminantes creyendo que son los hijos que tanto busca. Por eso, al distinguirla entre las sombras, los viajeros rápidamente se quitan la blusa o la camisa y se la ponen al revés, hacen una cruz con sus dedos sobre el pecho y caminan con la cabeza agachada y los ojos cerrados para no ver su rostro, o se acercan a las encrucijadas de los caminos para que ella se pierda de nuevo y no se los lleve o los ahogue con el aire enrarecido que lleva en su aliento.

     Dicen que nadie puede verle el rostro sin que su vida se extinga sin remedio. Sin embargo, hay quienes han obedecido al llamado de la Llorona y han podido mirar de frente su hermoso rostro indígena y las pesadas lágrimas que sus ojos derraman.

     Los que la han visto, aseguran que sólo los hombres que se conmuevan con su dolor podrán sobrevivir al embrujo de su mirada triste, a través de la oscura transparencia de su quexquen, envejecido por el viento y la sal de sus lágrimas infinitas.

     Si alguien anda a media noche por la Plaza del Arroyo –o el camino que va junto al Tlahuanapa- y escucha una voz totonaca antigua y hueca como una cueva, un lamento de viento y dolor, es necesario voltearse las ropas al revés, acercarse rápido a una encrucijada del camino o prepararse para conocer el rostro totonaca más hermoso y triste que jamás haya existido en toda la historia de El Tajín.



Marina Cuéllar Martínez. Cuando los muertos regresan a Tajín. Relatos de tradición oral en el Tajín. Primera edición 1999. Papantla, Veracruz, México.