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lunes, 25 de agosto de 2014

EL CADEJO

EL CADEJO

“Es el mesmo Cachudo desfrazado con cuerpo de chivo peludo, con cachos de toro y con cola de lión. Tiene unos ojos como dos brasas que  echan chispas que miran en forma penetrante y aguda  como los de los gatos de monte, echa espumarajos por el hocico y lo sigue a uno con el pennsamiento… Cuando anda nu’hace ruido, o más bien, parece al que hace un cuerpo pesado que si’arrastra, haciéndose cada vez más fuerte, sigún se va acercando... Para espantarlo hay que tener en las manos una daga de cruz, pues ni las balas ni los cuchillos le hacen “mella”. Nada más de pensar en él, recorre nuestro cuerpo un intenso calofrío y los nervios se excitan. Cuando uno lo ve se le pone el cuerpo pesado y como de plomo, sin poder ni siquiera moverse…y si en un sobrehumano esfuerzo lo hiciéramos él se pone enfrente de uno obstruyendo el camino…”

     -¡Nuestra única salvación es portar una daga de cruz, pues con ese fierro es con lo único que se puede ahuyentar al Cadejo!



     Tomado y reformado de Cuentos y Leyendas de Guatemala de Francisco Barnoya Gálvez, Talleres de UNEDI, S. A. Sexta reimpresión 1992, Guatemala.


martes, 19 de agosto de 2014

AHUIZOTE O AGÜIZOTE, NUTRIA INFERNAL.

AHUIZOTE O AGÜIZOTE
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO


     De Ahuizote, de Ahuitzotl,  de a(tl), agua + huitzotl, espinoso, de huitzli espina, púa: Espinoso del agua; animal semifabuloso, cuadrúpedo anfibio, especie de nutria de mayor tamaño, como un perro chico, con pelo sumamente liso, con orejas cortas y agudas, y hocico largo y agudo y la cola grande, a la cual se le atribuía una mano en la cola y las otras cuatro semejantes a las de los monos antropoides. Tiene la piel manchada de negro y pardo. Habitaba los lagos y manantiales del valle central de México. Se Estaba consagrado a Tláloc, atisbaba al que venía a sacar agua y se apoderaba de él con la “mano” de la cola, jala a la víctima y la mata en la profundidad , luego turba a esta y la hace verter y levantar olas, parece que es tempestad de agua, y las olas quiebran en la orilla y hacen espuma; y luego salen muchos peces y ranas de lo profundo, andan sobre la superficie  del agua y hacen gran alboroto en ella; y el que fue metido debajo allí muere, y de ahí a pocos días, el agua arroja fuera de su seno al cuerpo del que fue ahogado, y sale sin  ojos, sin dientes y sin uñas. El cuerpo ninguna llaga trae, sino todo lleno de cardenales. Cuando tardaban en llegar o no se acercaban víctimas, ponía como trampa peces y ranas o bien lloraba como niño para atraer la compasión y se acercaran a la orilla.  Solo los sacerdotes podían tocar los cuerpos de los ahogados por el ahuízotl, y eran sepultados con grandes ceremonias en el lugar del teocalli (templo) mayor, llamado Ayauhcalco (ayah(uitl), niebla +   cal(li), casa + co, en: “En la casa de las nieblas”); quienes así perecían eran reputados como bienaventurados y protegidos por los dioses tlaloque; eran finalmente llevados al Tlalocan o Paraíso de Tláloc. Era tanta su crueldad que su nombre fue impuesto al octavo emperador de México. En sentido figurado la palabra ahuizote significa malévolo, cruel, vengativo. Sahagún, Molina, Clavijero, Orozco y Berra, Robelo y varios más lo comentan.

     Los que se cortaban las uñas, echábanlas en el agua, y decían que por esto el animalejo haría que les nacieran bien las uñas, porque es muy amigo de comer las uñas.

-¡Qué manera más sanguinaria y cruel de morir para poder llegar al Tlalocan! Claro había otras maneras...



     Según la cosmología indígena prehispánica los cerros son enormes depósitos de agua comunicados con el mar, la vierten hacia los campos a través de los manantiales, los cuales son considerados lugares sagrados vigilados por los servidores de Tláloc, el ahuízotl, los ahuaztli o ahuaques; tlaloques que castigan a los impuros que se lavan con sus aguas o que visitan estos sitios a las 12 del día, momento liminal de manifestación hierofánica.


     Parece reforzar la existencia o mito de este ser el nombre de una localidad del D. F.

      Ahuizotla, D.F. “Donde abundan ahuizotes”. Zona arqueológica cercana a Azcapotzalco. Abundante cerámica recogida en tres pozos de exploración sistemática, hace pensar que este sitio fue contemporáneo del florecimiento de Teotihuacan.

      Nombre del octavo rey del México antiguo, célebre por su crueldad. || Persona que molesta, malvado.


     Ahuizotl. (¿- 1503)“Espinoso del agua, nutria”. Fue el octavo rey de México, de 1486 a 1502. Hijo de Tezozomoctli y de la princesa Atotoztli, hija de Moctezuma Ilhuicamina; hermano de Axayácatl y Tizoc; tío de Moctezuma Xocoyotzin; con Tiyacapantzin engendró a Cuauhtémoc. Muy joven comenzó a reinar, hizo grandes conquistas y dio impulso a la vida económica de la ciudad, organizando y rigiendo a los traficantes (pochtecas) que eran además espías y explotadores. Destacó como el más cruel de los jefes mexicas. Para festejar la remodelación y ampliación que completó del templo de Huitzilopochtli, fueron sacrificados en la semana de la nueva consagración alrededor de ¿20,000? personas entre mazahuas y otomíes. Legisló sobre comercio, extendió los dominios mexicas.  Murió a consecuencia del golpe que se dio en la cabeza contra el marco de una puerta al querer salir de un aposento anegado cuando el acueducto que traía el agua de Acuecuechco inundó la capital en el año chicuey tecpatl, ocho pedernales, 1500, como había predicho el señor de Coyoacán, Tzotzomatzin.


viernes, 15 de agosto de 2014

LAS PAREJAS TERESA DE CALCUTA

ESTUPENDO ESCRITO SOBRE LAS PAREJAS
TERESA DE CALCUTA

 Hay personas que tienen pareja pero se sienten tan solas y vacías como si no las tuvieran.

  Hay otras que por no esperar deciden caminar al lado de alguien equivocado y en su egoísmo, no permite que ese alguien se aleje aun sabiendo que no le hace feliz.

  Hay personas que sostienen matrimonios o noviazgos ya destruidos, por el simple hecho de pensar que estar solos es difícil e inaceptable.

  Hay personas que deciden ocupar un segundo lugar tratando de llegar al primero, pero ese viaje es duro, incómodo y nos llena de dolor y abandono.

  Pero hay otras personas que están solas y viven y brillan y se entregan a la vida de la mejor manera. Personas que no se apagan, al contrario, cada día se encienden más y más. Personas que aprenden a disfrutar de la soledad porque las ayuda a acercarse a sí mismas, a crecer y a fortalecer su interior.

  Esas personas son las que un día sin saber el momento exacto ni el por qué se encuentran al lado del que las ama con verdadero amor

y se enamoran de una forma maravillosa.


sábado, 9 de agosto de 2014

LA SERPIENTE CHICHICÚA

LA SERPIENTE CHICHICÚA
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

 Chichicúa, variedad de serpiente no venenosa. Spilote pullatus. En maya es conocida como Chaay kan.

     Cuenta Barnoya (1992:41-48) de un niño que de tanto enflaquecer está seco y pálido, con la piel pegada al hueso, y con fiebre. Pensaban que tenía paludismo o que le habían hecho mal de ojo. Hasta que el padre una noche al meterse en el tapexco (catre, camastro) donde descansaban esposa e hijo sintió  que le rozaba un cuerpo frío y viscoso descubriendo nada menos que una larga “chichicúa” que con furia de sensual enamorado succionaba los pechos turgentes y erectos de su mujer, en tanto que tenía la cola introducida entre los casi yertos y pálidos labios de su hijo, para que éste se hiciera la ilusión que estaba mamando y no rompiera a llorar. Cortando de un solo tajo con el  machete la cabeza de la feroz “chichicúa” terminó con el mal del niño.


     Chichicúa. Del náhuatl chichi(hualli), seno, mama + hua, que tiene: “Que tiene senos, nodriza”. El nombre obedece a que supuestamente da de “mamar” a la criatura.



     Barnoya Gálvez, Francisco. Cuentos y leyendas de Guatemala. Editorial Piedra Santa, 1992, Guatemala, Guatemala.


viernes, 8 de agosto de 2014

PANTITLÁN, EL PEÑÓN DE LOS BAÑOS Y EL PEÑÓN DEL MARQUÉS

PANTITLÁN, EL PEÑÓN DE LOS BAÑOS Y EL PEÑÓN DEL MARQUÉS
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Peñón de los Baños. Sitio arqueológico actualmente en plena ciudad de México, en la colonia Pantitlán. Antiguamente llamado Tepetzinco, “en el cerrito”. Cerro de origen volcánico situado en el centro de la cuenca de México, al suroeste del vaso de Texcoco. En la parte sur de su base hay manantiales de agua sulfurosas a las que se atribuyen propiedades terapéuticas. En él se inmolaba a lactantes en la gran fiesta que se verificaba a principios de cada año en honor de los dioses de la lluvia (Sah.). Según la mitología náhuatl, en el cerro se refugió Copil, sobrino de Huitzilopoctli, cuando intentó expulsar a los mexicas de la cuenca de México. Guiados por una orden de Huitzilopochtli, los sacerdotes aztecas asesinaron a Copil, se le abre el pecho, se le arranca el corazón, se le degüella, y su cabeza separada del tronco, es expuesta en Acopilco y arrojaron su corazón a una isleta dando nacimiento a un tunal que fue la señal del dios para la fundación de la capital mexica. Otra versión supone que del corazón de Copil nacieron las aguas termales. En las cercanías del penón se encontraba un manantial conocido como Aoztoc (atl, agua + oztoc, cueva: cueva del agua), de donde en época de lluvia salía gran cantidad de agua y en época de estiaje formaba un remolino o sumidero, en donde los indígenas arrojaban cuando había hambre o no llovía, a los nacidos blancos (albinos), que de puro blanco no ven, y a las personas que tenían señales, como es decir, la cabeza partida, o dos cabezas, que a estos llamaban tlacaiztalli yontecuezcomayo, cuerpos inocentes, las plantaban (¿las cabezas?)  en las tres  paredes de dentro del templo de Huitzilopochtli.  Además, arrojaban víctimas y sus despojos, ofrendas, ídolos, piedras preciosas y chalchihuites, y se comenta que también el tesoro de Moctezuma posterior a la Noche Triste. Cuando el rey Ahuitzotl sacrificó ¿ochenta mil prisioneros?, en 1487, al dedicar el templo al dios Huitzilopochtli, los desperdicios de las víctimas fueron arrojados en Pantitlán. Cristóbal del Castillo refiere que después de que llegaron los españoles se apareció Huitzilopochtli a los mexicas y les dijo que llevaran sus reliquias, el infernal envoltorio, a la laguna y la echaran en el sumidero. Tal fenómeno fue atribuido a Tlaloc y a su esposa Chalchiuhtlicue, por lo cual Moctezuma l ordenó que se levantará un brocal en forma de pirámide como adoratorio poniendo una estatua de Chalchiucueye, diosa del agua, y en tiempos de Ahuítzotl, se puso un cerco de gruesos troncos de encino con banderas hincadas sobresaliendo del nivel de las aguas para proteger a la población, porque la fuerza del resumidero jalaba a las canoas. Por estas características también fue conocido como Pantitlán (pantli, bandera + titlán, entre: “Entre las banderas”). Al área del adoratorio se le conocía también como Chalchiuhcoliuhyan, o sea, “donde el jade  se tuerce”. Alusión a la circunstancia de que en ese sitio había un resumidero y el agua del lago hacía remolinos. Las ceremonias se hacían también en otros lugares de similar condición como en Chimalhuacán, al oriente del lago.

     Peñón del Marqués. Cerro del D.F. situado al noreste del cerro de la Estrella y al sureste del Peñón de los Baños. En tiempos prehispánicos fue un islote del lago de Texcoco, llamado “Tepepolco”, de tepetl, cerro + pol, aumentativo + co, lugar: "En el gran cerro". En él se inmolaba a lactantes en la gran fiesta que se verificaba a principios de cada año en honor de los dioses de la lluvia (Sah.). Moctezuma Xocoyotzin lo utilizó como lugar de descanso. En la colonia cambió de nombre, debido a que en 1521, durante el sitio de Tenochtitlan, Hernán Cortés, futuro marqués del Valle de Oaxaca, instaló ahí su cuartel general antes de dirigirse a Coyoacán. En el presente siglo se le ha conocido como el cerro del Peñón Viejo. En la década de los años setenta quedó dentro de la mancha urbana. Tiene una altura de 2,374 m. snm.


     Tomado de mi libro inédito. Minidiccionario enciclopédico náhuatl.


sábado, 19 de julio de 2014

LA LLORONA Marina Cuéllar Martínez

LA LLORONA
MARINA CUÉLLAR MARTÍNEZ


 En el Tajín –por los arroyos secos, que pasan en medio de la gran ciudad totonaca, por la rivera del río Tlahuanapa, que corre sigiloso por las cercanías de Papantla, o por el Caracatloco, que corre detrás de las pirámides de Tajín, al lado de un viejo camino de herradura que va directo a Papantla- una mujer transparente deambula al filo de la media noche llorando por sus hijos; se queja ¡Jae kin kamán! ¡¿ni ku tawalana kin kamán?! (¡Ay mis hijos!, ¡¿dónde están?!).

     Siempre busca a sus hijos que se le perdieron mientras jugaban en el río atrapando acamayas con una fizga. Al perderlos enloqueció y se murió de tristeza.

     De tan triste que estaba no pudo encontrar el camino por donde se van los muertos y se perdió buscando a sus niños perdidos. De tanto caminar, se le acabó el cuerpo y su traje blanco se quedó relleno de aire; por eso se mete entre las corrientes del viento que corre junto a los ríos para poder desplazarse como si se deslizara sobre las olas del mar.

      De lejos, pareciera que flota como una pluma blanca al lado de la corriente de los ríos. Apenas le quedó su largo cabello –que nunca dejó de crecerle- y el recuerdo de su rostro indígena, hermoso y moreno, que el viento nunca pudo olvidar. Por eso –con la ayuda de las sombras de la noche- el aire lo reconstruye para que la naturaleza disfrute de su belleza triste.

     Cuando los totonacas pasan –a media noche- por los caminos oscuros que van al lado de los ríos y los arroyos, la Llorona se aparece y repite: ¡Jae kin kamán! ¡¿ni ku tawalana kin kamán?! Se desliza hacia los caminantes creyendo que son los hijos que tanto busca. Por eso, al distinguirla entre las sombras, los viajeros rápidamente se quitan la blusa o la camisa y se la ponen al revés, hacen una cruz con sus dedos sobre el pecho y caminan con la cabeza agachada y los ojos cerrados para no ver su rostro, o se acercan a las encrucijadas de los caminos para que ella se pierda de nuevo y no se los lleve o los ahogue con el aire enrarecido que lleva en su aliento.

     Dicen que nadie puede verle el rostro sin que su vida se extinga sin remedio. Sin embargo, hay quienes han obedecido al llamado de la Llorona y han podido mirar de frente su hermoso rostro indígena y las pesadas lágrimas que sus ojos derraman.

     Los que la han visto, aseguran que sólo los hombres que se conmuevan con su dolor podrán sobrevivir al embrujo de su mirada triste, a través de la oscura transparencia de su quexquen, envejecido por el viento y la sal de sus lágrimas infinitas.

     Si alguien anda a media noche por la Plaza del Arroyo –o el camino que va junto al Tlahuanapa- y escucha una voz totonaca antigua y hueca como una cueva, un lamento de viento y dolor, es necesario voltearse las ropas al revés, acercarse rápido a una encrucijada del camino o prepararse para conocer el rostro totonaca más hermoso y triste que jamás haya existido en toda la historia de El Tajín.



Marina Cuéllar Martínez. Cuando los muertos regresan a Tajín. Relatos de tradición oral en el Tajín. Primera edición 1999. Papantla, Veracruz, México.


miércoles, 16 de julio de 2014

EL SACERDOTE DE LAS LIMAS ROBERTO WILLIAMS GARCÍA

EL SACERDOTE DE LAS LIMAS
ROBERTO WILLIAMS GARCÍA

En la ladera de un montículo, una pareja de niños partía coyoles sobre una piedra redondeada, cuya forma les animó a sacarla, deteniendo su tarea la sorpresa de creer que topaban con la cabeza de un difunto petrificado. El suceso tuvo lugar en el atardecer del 16 de julio de 1965.
     El padre de los niños, ayudado por otros vecinos, terminó la tarea del descubrimiento ocurrido a unos cien metros de su jacal. El padre de los niños, de habla chinanteca y castellana, sintió que se enfrentaba a una luz brotada de la tierra, a la floración de una deidad milenaria todavía poderosa o más que las actuales.
     Llevó la escultura a su choza, poniéndola sobre un rústico asiento, llamado taburete, cubierto por una sábana blanca. Colocó la pieza arqueológica de espalda al modesto altar, sencilla repisa adosada a la pared de varas. La situación de la escultura reflejaba el tratamiento especial que se le brindaba, aunándose al respeto su responsabilidad de convertirse en propietario transitorio de algo que aún no definía. No faltó quien, movido por cierto impulso, depositó la primera blanca azucena. En ese momento se generó el culto a la aparición habida en el recinto de un caserío accesible únicamente por el camino del Río Jaltepec.
     La voz brincó la ribera opuesta narrando un milagro y los cayucos, largos troncos ahuecados, atravesaron la bronca corriente, en visitas esporádicas. La gente de habla castellana de Cuapiloloyita concurría a Las Limas. Concibió como virgen a la representación varonil de un personaje sentado sobre sus piernas cruzadas, sosteniendo amoroso a un niño tigre entre sus brazos. El periódico regional lo llamó La Matrona de Las Limas.
     Llegamos a la ranchería el domingo 25 de julio, a los nueve días del culto. El espectáculo que observé con Alberto Beltrán, Julieta T. de Beltrán y Ángel Leodegario Gutiérrez sobrepasó lo que cada uno de nosotros hubiese imaginado. Ennichada por un cortinaje de bandas de papel, de tonos diversos, y sentada sobre un estrado forrado de papel blanco, estaba una verde escultura, cubierta con capa azul anudada en el pecho y con una corona de flores de papel color magenta.

     El marco del altar lo formaban dos palos verticales, forrados de hojas, y el arco de una vena de palma torcida. Flores ensartadas en el marco despedían fragancias, sin que oliéramos la de copal, aunque éste se había quemado antes, porque aún yacía en el suelo, bajo el altar, un plato de peltre con restos de carbón quemado. El rostro de la escultura recibía los tenues resplandores de las veladoras puestas a sus pies. La gente de las cercanías había manifestado su fe, habiendo sido dos niños de Cuapiloloyita, de apellido japonés, los que habían donado la capa azul y la corona.
     Primera vez que yo miraba una escultura prehispánica sujeta a un culto mantenido por gente de habla indígena y por gente de habla exclusivamente castellana. Antes, en La Huasteca, había observado, en los rústicos altares de los adivinos, pequeñas piezas arqueológicas que llaman antiguas, de uso ceremonial relativo. En la misma región, cuando el licenciado Jorge Williams fue comisionado a Castillo de Teayo para transportar a Xalapa la Piedra del Maíz, la encontró con ofrenda de monedas y huellas de cera, expresiones de un culto tímido. También en esta región norte del Estado de Veracruz, el arqueólogo Alfonso Medellín Zenil fotografió, en una ranchería de Ixhuatlán de Madero, una escultura arropada, puesta de pie sobre una mesa de una choza para ceremonias. Respetó la posesión espiritual de la escultura. Después fue robada sin que se sepa, hasta la fecha, su paradero.
     Pero nunca imaginé que en el extremo sur del Estado de Veracruz fuésemos a encontrar un fragante altar con despliegue de colores y luces inquietas de veladoras. Artístico altar donde una fe resucitada había devuelto a la escultura su hierática categoría. Altar ante el cual se balanceaba, momentáneamente, nuestra emoción estética y el respeto a los mantenedores de un culto ingenuo e improvisado. Palpamos delicadamente la escultura y el propietario de la misma la manipuló libremente, quitándole la capa para que la observáramos bien. Y Alberto dibujó magistralmente a La Matrona de Las Limas.
     Era necesario rescatar la pieza lo más pronto posible. Detener el culto antes de que pudiera encarnar junto al corazón. Tal vez pudiera acrecentarse el cariño por la escultura. Tal vez pudiera lastimarse la sensibilidad de los idólatras católicos si transcurrían otros días dedicados al naciente culto. La noche anterior habían celebrado un velorio. Las oraciones fueron dichas en español. No dejaban de creer que se trataba de una deidad.
     Dos días después de nuestra visita de reconocimiento, la pieza fue recuperada por el arqueólogo Manuel Torres Guzmán, del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana. La operación de rescate fue bastante amistosa y las demandas de los limeños fueron escuchadas por una de las principales autoridades del Estado de Veracruz. Todos están satisfechos al entregar la pieza, excepto uno. Rodaron lágrimas del descubridor de la pieza, del niño que partía coyoles. La voz de Julieta fue bálsamo que atenuó la tierna congoja, diciéndole al pequeño que tal vez, con el tiempo, iría al Museo de Xalapa para ver que la escultura estaría rodeada por otros niños ávidos de conocimiento. Palabras de abreviado vaticinio. Al tercer día del rescate, de modo inesperado, llegaron los niños arqueólogos al Museo de Xalapa y encontraron a los niños de la ciudad en torno de la escultura, aplaudiendo en forma espontánea a los descubridores. Sin saberlo, los niños de la ciudad, en un acto de reciprocidad, correspondieron a los aplausos que brindó la gente de Las Limas cuando partió la lancha que transportaba la escultura.
     En Las Limas, dos circunstancias se eslabonaron para recuperar la devoción por una escultura prehispánica que haya sido descubierta por niños y que la aparición haya tenido lugar el día de la Virgen del Carmen. Ambas circunstancias confundieron el sentimiento religioso de los lugareños, moviéndose la improvisación de un culto que fue momentáneo. Ellos consideraron que era un milagro y ahora lo aceptan desde un punto de vista material, porque gracias a ese descubrimiento el poblado fue conocido y todos sus principales problemas escuchados directamente por el Ejecutivo del Estado y otros funcionarios, resolviéndose inmediatamente algunas peticiones. En otras circunstancias, pocos sabrían que Las Limas es una ranchería asentada en una zona arqueológica, a orillas de un caudaloso río, vena del Coatzacoalcos, que cruza por Jesús Carranza, estación ferroviaria situada entre los límites de Veracruz y Oaxaca.
     Objetivamente, la ranchería de Las Limas tuvo su suerte. El papá de los niños expresó en Xalapa su profundo sentimiento religioso. Al preguntarle su impresión sobre las esculturas sembradas en el patio del Museo, las cuales proceden de distintas regiones del Estado, manifestó: “Veo que aquí está la suerte de varios pueblos. En varios pueblos ha nacido la luz que da Dios”. Quizá hablaba de suerte pensando en los beneficios materiales que recibían los poblados donde se realizaban descubrimientos notables o quizá conservaba la idea de que esta escultura de Las Limas fue un santo. Aquí, en Xalapa, ya no la llamaba virgencita, se refería a ella clasificándola como ídolo olmeca. En unos cuantos días había marcado una diferenciación religiosa.
     Algunos periódicos hablan, a veces, festivamente del paganismo risible, de la idolatría anacrónica, del culto equivocado. No sopesan la perplejidad del hombre del campo al enfrentar inesperadamente con algo desconocido. Ignoran los desvelos tenidos por una incertidumbre de responsabilidades. Estas emociones tuvo el propietario transitorio de la escultura de Las Limas. Actualmente, esta obra de arte reposa en un pedestal del Museo, libre del calor humano que le dio la fe religiosa y al margen de cualquier noticia sobre las condiciones íntimas de su descubrimiento y rescate. Por eso esta crónica, esta constancia del fenómeno social que generó, por un instante, la inocencia de Severiano y Rosita, que partían coyoles en un atardecer del 16 de julio de 1965.


     Comentario de Roberto Williams García:

En 1970, el 12 de octubre, el sacerdote fue sustraído del Museo de Antropología de Xalapa, con lo cual se acrecentó su fama. El sacerdote tuvo suerte de que no se murieran quienes lo habían inhumado por segunda vez y esperaron hasta el momento en que consideraron que el asunto estaba muy olvidado para exhumar la escultura y pasarla, a la venta, a los Estados Unidos, donde se rescató y volvió a su Museo. Siempre tuve fe de que lo haría.


Roberto Williams García. Danzas y Andanzas. Primera edición 1997. Instituto Veracruzano de Cultura, Veracruz, Ver.