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miércoles, 2 de septiembre de 2015

¡EXPECTATIVAS! Antonio Fco. Rguez. A.

¡EXPECTATIVAS!
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

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¡No quiero engañarte con falsas promesas!

¡Así que no me pidas que te jure que te amo!

¡No está en mí darte mí amor!

¡El amor no se pide!

¡El amor por sí mismo se da!

¡Así que, te repito, no quiero engañarte!

¡Como tampoco quiero que te engañes!

¡Todo esto que pasa nos duele tanto!

¡A ti y a mí!

¡Qué es imposible curarlo todo sólo con tu amor!

¡Créemelo, no puedo darme a ti!

¡Lo siento mucho!

¡Lo siento!

¡Lo siento!




Xalapa, Ver. 02/Sept. 2015


EL MÉDICO CONFLICTIVO Antonio Fco. Rguez. A.

EL MÉDICO CONFLICTIVO
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Cd. del Carmen, Parque Hidalgo e Iglesia de Jesús. Imagen de Internet
  
   Después de realizar mí Internado de Pregrado en el HGZ No. 8 del IMSS en Córdoba, Ver., mí Servicio Social en Sta. Ifigenia, Zacatecas y  trabajar 3 años en el Estado de Q. Roo, acudí a buscar trabajo como médico en las Delegaciones del IMSS de Veracruz, había más de 300 solicitudes previas. Supe que en la Delegación de Campeche sólo había un poco más de 40, por lo que me animé a trabajar en este Estado. Tuvieron que pasar arriba de 4 años, trabajando en diferentes clínicas,  para lograr mi nombramiento como médico de base (02) - cubrevacaciones, mismo que me llegó estando en el HGZ No. 4 del IMSS de Ciudad del Carmen. Un par de meses después, al dejar la Consulta Externa el Dr. Isaías Mercado Torres, para tomar la Coordinación Médica,  me dieron la titularidad en el turno vespertino del Consultorio 4.  


Cd. del Carmen. Imagen de Internet

     En mi estancia en Cd. del Carmen  viví en un departamento de los edificios conocidos como de “Doña Nicha”. Lo compartía con mis colegas y amigos Héctor Ferat Estrada, Luis Miguel Arispe Castillo, “El Chino” Narváez y otro amigo más. Usualmente Héctor y yo todas las tardes caminábamos al Seguro, por un atajo de cerca de 10 cuadras, y a la salida, ya de noche, preferíamos regresarnos por una ruta más céntrica e iluminada. Para hacer más amena la caminata nos poníamos a cantar a dúo casi todo el trayecto. A Luis Miguel por ser el especialista titular de  Medicina del Trabajo le tocaba el turno matutino. Algunas noches él, Héctor y yo nos poníamos a cantar en el departamento. Todos éramos buenos compañeros y amigos.


Cd. del Carmen. Imagen de Internet

     Ciudad del Carmen es una bella, cálida y cosmopolita ciudad, los habitantes son muy amables con el turismo, y muy trabajadores, existen muy buenos hoteles y restaurantes con comida internacional, hay vida nocturna para todos los gustos, la pesca es abundante, se comen muy ricos mariscos, toda la isla "La Perla del Golfo" está rodeada de hermosas playas. Y se encuentra bien comunicada a través de puentes,  con Campeche y Tabasco.




     





     Playas Manigua y Tortugueros

     
     Los consultorios médicos del hospital no tenían ni ventilación, ni aire acondicionado y para colmo en su parte posterior la única gran ventana estaba completamente sellada por un grueso cristal que bañado por los rayos solares hacía el efecto de enorme lupa aumentando la temperatura local. Es más, no había ni ventiladores de techo. Los únicos ventiladores eran llevados por los mismos médicos, y ni así eran del todo suficientes para refrescar. Era demasiado incómodo dar todo sudado la atención médica, y que al explorar al paciente muchas veces lo salpicáramos con nuestro propio sudor. Les propuse a mis compañeros médicos del turno externar nuestra inconformidad ante el Director. Me contestaron que ya habían hablado con él, sin que les hiciera caso. Al día siguiente llegué más temprano que de costumbre para pedirle al Director que nos ayudara a solucionar este problema. Me dijo que no estaba en sus manos la solución, que siguiéramos con nuestros ventiladores. Entre a mi consultorio a trabajar y le pedí a mi asistente médica que cuando llegara un representante sindical me avisara. Esa misma tarde hable con “Pedrito”, uno de ellos, e igual me dijo, que ya se había tratado el caso sin obtener respuesta favorable.


     Unos 7 días después, a media semana, muy decidido le dije a un joven de mantenimiento que me ayudara a sacar el escritorio hasta la entrada del hospital, y le pedí a mi asistente médica que me llevara a los pacientes y sus expedientes a donde yo me encontraba. Al poco tiempo se me acercó la Coordinadora Médico Alicia Beatriz Carvallo Dzul, pidiéndome que me regresara al consultorio a lo cual me negué, un poco más tarde me pidió lo mismo una representante sindical, igualmente me negué. Al siguiente día tuve que pedir el favor a un paciente a que me ayudara a sacar nuevamente el escritorio, llegó el Coordinador Médico Isaías Mercado Torres pidiéndome que regresara al cubículo, le dije que no me estaba negando a dar la consulta, simplemente no me parecía ético darla en un lugar que no reunía los requisitos idóneos para ella. Para todo esto, algunos pacientes que acudían al hospital, miraban con asombro mi postura, y entre los míos, me llegaron a felicitar deseándome suerte. Al tercer día, me mandó a llamar el Director, lo encontré acompañado de un representante sindical. Primero me pidieron que reconsiderara mi actitud, les dije que no era humano ni para los médicos, ni para  los pacientes atender en esas condiciones inapropiadas. Seguimos hablando alrededor de 10 a 15 minutos más, confrontando nuestros puntos de vista y nuestras necesidades. Finalmente el director me prometió hablar con el Delegado del IMSS, el doctor Abraham Azar Farah para hacer las modificaciones necesarias a los consultorios, en tanto me pidió muy amablemente que me regresara a trabajar al mío.


     Esa siguiente semana acudió el ingeniero encargado del mantenimiento con algunos empleados a checar los consultorios: retiraron  todas las mamparas de vidrio y pusieron ventanales de persianas. Y por primera vez ventiladores de techo.



     Fui a ver al Director y le di las gracias por habernos apoyado, y por haber respetado su palabra.


Playa Bahamitas





lunes, 31 de agosto de 2015

DÍA PELIGROSO Antonio Fco. Rguez. A.

¡DÍA PELIGROSO!
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Xalapa, Veracruz. Imagen de Internet


     Ese mediodía de 1976, caminando en pleno centro de Xalapa nos encontramos Eloy Pérez Arriaga y yo, me comentó que venía de jugar basquetbol en la cancha del Gimnasio Omega, como se sentía frío en la calle, nos metimos al Café Parroquia a tomarnos un café caliente, en lo que platicábamos nos llegó un sabroso olor a comida el cual nos inquietó a los dos. ¿Traes dinero para comer? Me preguntó Eloy, ¡No, sólo para el café y el pasaje a Veracruz! le respondí. ¡Igual yo! ¿Pues qué te parece, si comemos y nos regresamos de aventón? Le dije que sí, mi cerebro y mi estómago después de aspirar ese aroma empezaron a rebelarse de hambre. Después de comer vorazmente una milanesa con papas fritas, ya satisfechos nos fuimos a buscar un urbano que nos dejó a la salida de Xalapa, apenas había unas cuantas casas del nuevo fraccionamiento de Ánimas. Empezamos a pedir aventón, el quinto o sexto automovilista paró y nos pidió subir al carro, ya dentro nos preguntó con voz aguardentosa qué a dónde íbamos, le dijimos que a Veracruz. Se nos quedó viendo con cara de borracho y comenzó iterativamente a decirnos: ¡Si me van a madrear…madréenme! Le contestamos que no, que no teníamos motivos para hacerlo, que estábamos agradecidos por darnos el aventón. Todavía, le dijo Eloy: ¡Mire, si gusta, yo puedo manejar el carro para que usted descanse! Entonces el señor exclamó: ¡Van a ver cómo le doy en su madre a este pinche carro! Aceleró a fondo y torció todo el volante, el carro dio una vuelta en U y milagrosamente frenó justo enfrente de una tremenda roca que se encontraba a un costado de la carretera. Eloy y yo salimos corriendo del todo espantados, y el borracho nos gritaba: ¡Regresen cabrones, todavía no llegamos!

  Coapexpan, imagen de Internet
   Optamos por regresar a Xalapa a buscar alguna amistad que nos prestara dinero para los pasajes. No encontramos a nadie. Sentados en el Parque Juárez me acordé de Scott Owen amigo de  Pepe Morales Moreno, y nos dirigimos a buscarlo caminando hasta Coapexpan, un lugar completamente boscoso, exuberante de vegetación y bellísimos paisajes, la calle se convirtió en un camino rural, cercado de lado a lado por alambradas de púas, finalmente un gran claro con cerca de 5 grandes mansiones y una cancha de squash. Llegamos a la mansión de los Owen, no se encontraban sus papás, ni Scott, ni su hermano Tommy, solo su hermanita Lisa quien nos recibió, y yo haciendo a un lado la pena le expuse el motivo de nuestra visita, me dijo que no contaba con efectivo, pero se dirigió a una alcancía y sacó dinero justo para nuestros pasajes. Una linda niña, un angelito, que nos sorprendió por tal admirable actitud. Muy emocionados y contentos Eloy y yo le dimos las gracias.












    

Coapexpan. Imágenes de Internet 

     Regresamos nuevamente caminando hasta el centro de Xalapa y compramos nuestros boletos del AU, al llegar a Veracruz él me dijo que como no tenía dinero para el urbano se iba a quedar en el departamento de un amigo en la calle Mina, como yo vivía por el mismo rumbo, en la calle Serdán, nos pusimos a caminar,  y un par de cuadras adelante pasamos junto a un taquero que tenía su carrito sobre la banqueta, la vista de los tacos y su peculiar aroma nos volvieron a atormentar. Volteó a verme Eloy y me dijo: ¿Nos las jugamos? No pude decirle que no. Nos acercamos al taquero, le pedimos 5 o 6 tacos y una Coca-Cola fría cada quien,  y al final un par de palillos y en lo que se agachó el taquero a buscarlos, Eloy y yo salimos disparados corriendo, y tras nosotros el taquero cuchillo en mano mentándonos la madre. Nuestra constitución atlética y nuestro instinto de conservación se unieron para hacernos casi volar.

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     Esa noche, no pude dormir, fui presa de retortijones de panza y quizá hasta de la conciencia.

     Así como hay años bisiestos, creo que ese día también fue bisiesto, fue interminable: sufrí de espantos, de hambre,  y acabé sufriendo de  cólicos. Toda una pesadilla.  

     Aprendizaje: no volver a hacerle caso a Eloy.


   Y espero que el día de mañana sea diferente, y amanezca mejor.


Coapexpan, imagen de Internet



¡CON MIS AMIGOS EN XALAPA! Antonio Fco. Rguez. A.

¡CON MIS AMIGOS  EN XALAPA!
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Café Parroquia, Xalapa, Ver. Imagen de Internet.


     Siendo estudiante de medicina en el puerto de Veracruz, algunas veces solía ir a Xalapa a visitar a mis amigos Paulino Martínez Vara y a Roberto Arturo Valencia Gracia, nos agradaba irnos a tomar un café al “Café La Parroquia”, buscando siempre la terraza del segundo piso, donde nos pasábamos horas y horas  en amena charla sobre películas,  libros, música, y esporádicamente temas y problemas de física o de biología, y entre la plática nos terminábamos las servilletas para hacer croquis o anotaciones. Ocasionalmente pedíamos un segundo café o una Coca-Cola fría, y eso sí, vasos con agua a cada rato. Los únicos que no parecían estar muy contentos eran los meseros, sabían que apenas tendríamos para la cuenta y con suerte para dejarle un par de monedas de propina.


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     Saliendo del Café encaminábamos a Roberto el cual se hospedaba junto con Miguel Moreno Brizuela y otro par de amigos en una casa ubicada en una bajada a cuadra y media del Palacio de Gobierno. Y de ahí, nos íbamos Paulino y yo a su casa, él vivía con su familia, en la calle 5 de Febrero, relativamente cerca de un cuartel. Algunas veces me quedaba en su casa escuchando música clásica, y como eran yoguis nunca ponían el calentador de agua y la comida era vegetariana. En cerca de dos ocasiones Don Paulino, su papá, me pidió que lo acompañara a la calle y llegamos cerca del antiguo Cine Radio a una taquería “La Tariácuri”, ahí comíamos unas ricas carnitas estilo michoacano. Y al terminar me decía muy contento: ¡Vaya ya tenía muchas ganas de escaparme de la casa para comer un poco de carne! ¿Verdad que está muy rica? Yo sobándome la barriga le contestaba: ¡Deliciosa… nada que ver con las acelgas y todo ese tipo de ensaladas que ni llenan ni nutren! Soltábamos la carcajada y llegando  a casa me hacía prometerle que no diría nada a su familia, y se despedía diciendo: ¡Misión cumplida! Recuerdo que un par de años después nos encontramos en Catemaco, y me invitó nuevamente que lo acompañara a comer, entramos al “Restaurant Tenaspi” del “Hotel Catemaco” y pedimos mojarra frita, carne de “chango” y vino tinto, y como nos llevaron pan blanco, muy molesto exigió que nos trajeran tortillas. Así que antes de empezar a comer comentó: ¡Ahora sí, a comer como mexicanos… con tortillas! Don Paulino era todo un tipazo, él se dedicaba a promover el tabaco de los Tuxtlas en el extranjero. De esas contadas ocasiones en que él me dispensó su amistad, pude conocer su gran don de gente.

     Cuando le contaba todo esto a Paulino y a sus hermanas, se echaban a reír, disculpando a su papá. Lo querían mucho. Y la única que no debía saberlo era la mamá de ellos. Pensando en que ella se sentiría  que el marido ocasionalmente prefiriera en lugar de comer lo que ella le preparaba salir a comer tacos a la calle.

     Doña Aurora, la mamá,  era muy nacionalista, le gustaba mucho todo lo mexicano, leía sobre nuestras culturas antiguas, tenía los libros de Fernando Benítez “Los indios de México”, pero siempre presumía “El Corazón de Piedra Verde, y los Fantasmas” de Salvador de Madariaga. Con lo único que no era compatible su mexicanismo era con los tacos de carnitas.





     
     

     

     

     El día que una de sus hijas le llevó a presentar al novio, doña Aurora se puso muy contenta… el novio se llamaba Cuauhtémoc. Me imagino que fue el consentido de los yernos.

     Mi amigo Paulino y yo, teníamos varias cosas en común, la cultura, el basquetbol, y la locura de manejar a toda velocidad su Dodge Valiant Duster, ¡qué cuántos sustos tuvimos, yo era el copiloto!, y resulta que apenas hoy acabo de relacionar que fuimos “concuños platónicos”, pues los dos estuvimos platónicamente enamorados de unas lindísimas hermanas que estaban de  internas en el Colegio de Monjas.


Valiant Duster 1973. Imagen de Internet

     Hasta la fecha Paulino, Roberto y yo nos seguimos frecuentando con la misma fraternidad de siempre.  
    
     Debo aclarar que Roberto nunca tuvo amores platónicos, él agarraba su guitarra, juntaba a dos o tres amigos e inmediatamente llevaba serenata.


     ¡Creo que a Paulino y a mí nos volvió un poco tímidos el estar en colegio de monjas! jajajaja.



sábado, 29 de agosto de 2015

TINNITUS Antonio Fco. Rguez. A.

¿TINNITUS?
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

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     Después de la lluvia hubo un hermoso silencio, roto de cuando en cuando por algunas gotas que se resbalaban del techo de la casa al jardín, golpeando y rompiéndose en los pequeños encharcamientos pluviales. Momentos más tarde se oyó un concierto de grillos cuyas notas no tenían fin, eran interminables, el chirrido in crescendo era tenaz, persistente, y ya no lo diferenciaba de mi tintineo o tinnitus provocado por mi hipertensión arterial. Pregunté a mi mujer si ella escuchaba el chirrido del jardín, me contestó que sí, y eso me tranquilizó, al comprender que no era provocado por mi presión elevada. Traté de no darle importancia al molesto ruido que me impedía concentrarme en lo que estaba escribiendo, no pude, me tuve que parar y subir el volumen a la música que diariamente escucho, prepararme un café caliente y pensar en relajarme. Llegaron a mi mente recuerdos de épocas remotas en las que pasé condiciones iguales a esta, y que algunas veces fue tan pertinaz el golpeteo sobre mi cerebro, que incluso me quitaban hasta el sueño. Volví nuevamente al presente, y sentí una sensación dolorosa y taladrante, me paré nuevamente pero esta vez fue para buscar algún medicamento analgésico, a sabiendas que si no me calmaba el dolor terebrante de la cabeza, tendría que salirme de la casa, subir al auto y alejarme de ese epicentro de ruido intolerable.


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     Estaba seguro que a mi regreso no iba a poder continuar mi escritura y que tendría  una noche  disomne.


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     ¡Ni mi enfermedad  causaba tanto daño a mi rutina, como ese insoportable y molesto chirrido de grillos!



jueves, 27 de agosto de 2015

MI MAESTRO DE ANATOMÍA Antonio Fco. Rguez. A.

MI MAESTRO DE ANATOMÍA
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO


     Ser estudiante universitario no es nada fácil, máxime si eres foráneo y de escasos recursos económicos como fue mi caso. Cuando se es pobre, cuando para la sociedad no se es nadie, una de nuestras mejores armas es la de perseverar al doble o al triple para poder ir adaptándose a las circunstancias adversas que se nos presentan día a día como un estado normal en nuestras vidas. Si queremos estudiar y prepararnos  para ser alguien el día de mañana, requerimos de mucha entrega y sacrificios para llegar a la meta deseada, la cual a su vez será el peldaño para continuar nuestro camino hacia más amplios y  mejores horizontes.



Facultad de Medicina. Imagen de Internet.

     Gracias al apoyo de mi hermano Guillermo Francisco y a nuestro amigo de la infancia José Antonio Morales Moreno el cual era mejor conocido en la Facultad como “El Capi”, pude inscribirme en la Facultad de Medicina “Miguel Alemán Valdés” de la ciudad y puerto de Veracruz. Incluso “El Capi” fue quien me recomendó con los mejores maestros del primer semestre.

     Ese primer semestre debido a problemas de diversa índole, entré con un retraso de diez a quince días a clases, por lo que el doctor Antonio Remes Fernández no me quiso aceptar aduciendo que su grupo iba bastante adelantado, tuvo que abogar por mí  “El Capi”; así que todos los días el doctor al primero que preguntaba la clase era a mí: ¡A ver doctor Rodríguez Alvarado, denos la clase! Fue tanta la presión que a diario tenía que estudiar la clase del día, y una o dos anteriores para poder nivelarme en poco tiempo. El doctor miraba con agrado mi motivación y esfuerzo, aunque no era un hombre que sonriera o te pusiera la mano al hombro, se intuía su afecto; era por demás, serio, exigente y muy regañón. ¡Ah, pero compartíamos el gusto por los cigarros sin filtro! Todos los días a las 6 de la mañana  lo encontrábamos fumando y esperándonos con todo su material didáctico listo. ¡Cuando le faltaban cigarros, sabía quién fumaba de los suyos!

     Los primeros días noté que tanto Ludivina Milla González como Demetrio Hernández Castillo llevaban la batuta de la clase.  Pero también me fui metiendo tanto a la anatomía que en poco tiempo me sentía como pez en el agua. Siempre estaba levantando la mano queriendo contestar antes que nadie todas las preguntas que nos hacía  el maestro, entonces él me ignoraba, y me preguntaba sólo en  caso de que los dos o tres  primeros compañeros no supieran la respuesta.

     El problema para todos fue cuando nos tocó estudiar el corazón, no le hallábamos “cuadratura”, a mí se me ocurrió improvisar un corazón de cartón, para entender mejor sus caras, sus compartimentos y su sistema arteriovenoso, de esta manera hasta entendí un poco de su fisiología. Así que esa mañana yo fui el más atrevido para dar la clase, y casi por terminar mi exposición quise lucirme hablando de la hematosis, por lo que el Dr. Remes todo molesto me ordenó sentarme, no le gustaba que nos saliéramos de los parámetros marcados. Todos en nuestro Grupo, el 105, éramos muy unidos, llegamos a sentirnos como una hermandad cuya figura paterna recaía en el Dr. Antonio Remes.


LOS CHAVOS DEL 105. Mago, Angélica, Mirna y yo 40 años después.

     Algunos me decían “Catemaco”, pero mis lindas y queridas amigas Mirna Heréndira Jácome González, Angélica Viveros Gallardo, Teresa Aurora Conde Pérez, María Elena “Elenita” Díaz, Malena Dávalos Majul, Rebeca Chiñas Velázquez, Margarita “Mago” Cortés, entre otras,  me empezaron a decir “Neumogástrico”, un apodo muy ad hoc con la anatomía. Víctor Hugo Vargas Atilano, Sabel Cornazzani Reyes, David Contreras Figueroa y Pedrito “El Gordo” Fadul (QEPD) conformamos una pequeña e inolvidable  cofradía. Tantísimos  y bellos recuerdos que como lazos de sangre se reactivaron muchos años después al volver a encontrarnos. 

     El Anfiteatro al inicio nos repelía con su desagradable olor, poco a poco nos fuimos acostumbrando hasta casi dejar de percatarnos de él. No solo era desagradable el aroma, sino hasta los cadáveres los cuales estaban enjutos y con la piel oscura, grasosa y con suturas en diferentes áreas. Todos debidamente vestidos con bata, guantes, gorra y cubre boca  nos peleábamos alrededor de la plancha para apreciar mejor las indicaciones del maestro al hacer la disección. Al doctor no le gustaba repetir sus explicaciones, así que todos estábamos obligados a estar lo más atento posible. ¡Ay de aquel que preguntara algo ya comentado por el maestro! No lo bajaba de bruto. ¡Daba bastante miedo preguntarle! Jejeje


     En la siguiente vez que acudimos al anfiteatro, después de mi clase sobre el corazón, el maestro abrió el área precordial del cadáver, se me quedo viendo y me dijo: -¡Doctor Rodríguez Alvarado localíceme la vena ácigos menor! Lo primero que hice fue buscar en la parte izquierda de la vena ácigos mayor el pequeño cayado en donde desemboca la ácigos menor, sin encontrar la vena. Me quedé bloqueado y con dudas sobre mi exploración. No tuve más remedio que decirle a mi maestro que no la encontré... que no estaba. Él inmediatamente explotó regañándome, pidió un par de guantes y se propuso mostrarnos dónde estaba la vena, tardó  un tiempo semejante al mío, y entonces todo molesto empezó a vociferar: -¡Estos embalsamadores irresponsables son unos burdos carniceros, no saben respetar las referencias anatómicas! ¡No está la ácigos menor! Vi la mirada de comprensión de mis amigos. Nunca escuché que el maestro se disculpara conmigo.

     Días antes de terminar el semestre acordamos hacerle al maestro como agradecimiento  una comida en un restaurante que se encontraba atrás del Hotel Tierra y Mar. Pero todos se habían puesto de acuerdo en que yo tenía que dirigirle las palabras de agradecimiento. Me sentí inseguro ¡en ese momento  comprendí el miedo que tuvo el ratón que tenía que ponerle los cascabeles al gato! Pero me sentí muy honrado de parte de mis amigos, y acabé aceptando el compromiso. Ya en el evento, Ludivina, Demetrio, yo y dos amigas más compartimos la mesa con el maestro, él como siempre fue bastante lacónico, pero amable. Poco tiempo después de comer pidió disculpas para retirarse, entonces mis amigos empezaron a codearme para que yo hablara. Me paré bastante nervioso, y alzando la voz le dirigí unas emotivas palabras de admiración y agradecimiento por su paternal amistad y sus valiosas enseñanzas. La misma emoción me contuvo de no seguir hablando,  y creí verle una mirada de satisfacción antes de despedirse de todos nosotros.

Facultad de Medicina. Imagen de Internet
     
     Y llegó el día del examen final, siempre era de carácter oral, yo estaba bastante temeroso porque de los dos primeros exámenes parciales, por problemas personales, falté al segundo y nunca tuve el valor para decirle al maestro si podía hacérmelo extemporáneo. En el primero saqué diez. No sabía que iba a pasar con mi promedio, y si la calificación de este último no era suficiente para aprobar. Estaba muy tenso, nunca pensé en llegar a este momento. Miraba que entraban y salían mis amigos del examen denotando en sus gestos  diferentes emociones. Sentí que mi corazón pegó un brinco cuando me llamaron, llegué ante el maestro el cual obviamente notó mi gran nerviosismo, y entrecerrando los ojos esbozó una fugaz sonrisa, al tiempo que me decía:

     -¡Doctor Rodríguez Alvarado, déjeme felicitarlo, está usted exento, tiene un siete de calificación!

     ¡No podía creerlo, me estaba otorgando un diez en el examen final, y sin realizarlo!


     Así era de impredecible, mi querido maestro de anatomía, el Dr. Antonio Remes Fernández.


martes, 25 de agosto de 2015

AZUZUL Y LOS GEMELOS OLMECAS Antonio Fco. Rguez. A.

AZUZUL Y LOS GEMELOS OLMECAS
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Gemelos, imagen de Internet 


     Azuzul. Del náhuatl axoxoulli, abismo, gran profundidad de agua. Poza, lugar donde está honda el agua. || Sitio arqueológico situado al sur del complejo San Lorenzo- Tenochtitlan- Potrero Nuevo, en la cuenca baja del río Coatzacoalcos. Está rodeado de acahuales y terrenos bajos salpicados de pantanos, lagunetas y esteros. Parece haber tenido una breve ocupación durante el formativo medio. En enero de 1987, sobre la cara sur de esta acrópolis, en Loma del Zapote, unos peones localizaron tres esculturas sedentes sobre plataformas, en magnífico estado de conservación, mientras sembraban zacate en terrenos del ganadero Felipe Alafita Hipólito, éstas estaban a flor de tierra, tienen aproximadamente un metro de altura, talladas en andesita gris de grano mediano. Dos de las esculturas antropomorfas y sedentes, son muy parecidas y solo difieren en pequeños detalles, se les ha llamado los gemelos. La otra corresponde a un jaguar. Años más tarde Ann Cyphers se encontró otro jaguar similar, aunque más grande. Las piezas están datadas entre los años 1200 al 900 a.C. Actualmente se encuentran en el Museo de Antropología de Xalapa, Ver.  
     



     Tomado de mi libro: Los Tuxtlas, nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las Cosmologías de las Culturas Mesoamericanas. Incluye diccionario de localismos y mexicanismos. Ediciones culturales exclusivas 2007.