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jueves, 28 de abril de 2016

ANDROGÉNESIS Antonio Fco. Rguez. A.

ANDROGÉNESIS
Relato breve
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado










Recuerdo muy bien ese día:
El Universo tenía programado -por decreto- hacer una nueva criatura en nuestro Mundo, y el aleatorio Caos, tan antagónico al Cosmos cómo la cordura y la locura, se interpuso entre la idea y la acción, y fue así que...nació el Hombre.



domingo, 24 de abril de 2016

NEGRA ESTRELLA Antonio Fco. Rguez. A.

NEGRA ESTRELLA
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado


Imagen de Internet


Esa cálida noche tu cuerpo
Impregnado de sudor,
Se insinuaba ante el fino fulgor
De la luna, como una negra estrella,
Emergida de algún oscuro
Universo de pasión.


Las dos esferas de tu pecho,
Como dos mundos en colisión,
Rebotaban en la inmensidad
De mis manos,
Las cuales te atrapaban
Por la órbita elíptica de tu cintura.


Y en el subibaja cósmico
De tus caderas,  mi nave
Se preparaba para explorar
Tus misteriosos y profundos
Agujeros negros que guardan
La sabiduría de la vida
Y del placer…

Imagen de Internet


Y tus dos pilares,
En gran proeza,
Sostienen y equilibran,
La hermosa galaxia…
De tu ser.




viernes, 22 de abril de 2016

LA AMANTE MORTAL Antonio Fco. Rguez. A.

LA AMANTE MORTAL
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Imagen de Internet

Venía muy atento escuchando unos corridos norteños, en lo que manejaba mi vieja camioneta rumbo a Ciudad Juárez, las primeras penumbras de la noche me hicieron extremar más mi atención en el camino. Dos horas después, avizoré unos charcos de color rojo crucificados por huellas de neumáticos. Aminoré la velocidad y penetró a mis narinas el desagradable aroma de la sangre. Me invadió el miedo, me llené de nervios, y un gran escalofrío quedó pegado a mi piel. Empero, continúe manejando. Unos 10 kilómetros más adelante, de reojo, descubrí metida entre la maleza una camioneta policial, estarán cavando, fue lo primero que pensé. Media hora después me percaté de que un vehículo me venía siguiendo, mi corazón empezó a violentar sus latidos, y pese a traer puesto el clima, comencé a sudar.


     El vehículo se emparejó momentáneamente a mi costado izquierdo, me sentí observado, volteé y alcancé a distinguir en la oscuridad el rostro de una mujer. Aceleró y se perdió delante de mí.


     Quedé fatigado con tanta tensión, aparqué en la primera gasolinera, y en lo que cargaban de combustible mi camioneta, me dirigí a tomar un café. Intenté ubicar el momento de riesgo en que me encontraba, cuando una voz femenina junto a mí me preguntó: ¿Qué andas haciendo por acá? E instintivamente le respondí que venía a visitar a unos parientes. La invité a sentarse y ella amablemente se negó diciéndome: -¡Tengo prisa, otra vez será! Y antes de retirarse me sonrió y me dio su tarjeta: Camelia Estuardo, anotando con pluma “Vivo sola, háblame de V a S”. En lo que caminaba a la salida pude contemplarla a mi antojo: Güera, caballona y jamonsona. Unos 30 a 35 años, 10 a 15 más que yo. Todo un bouquet. Mayor aún fue mi sorpresa al ver que se subía al vehículo que me había emparejado momentos antes.



     Ya en Ciudad Juárez, le comenté a mi prima Ana lo que me había sucedido en el viaje. Ella se alarmó, y me dijo: - Es una señora muy peligrosa, ten mucho cuidado, se dice que mata a la mayoría de los jóvenes con los que anda. O en su defecto, son asesinados por el jefe del cartel de aquí, ya que ella es su amante. Entre preocupado y burlón le contesté: -Bien, de ser así, será hasta después de tu boda, todavía me queda una semana de vida.



     Esa noche se me dificultó dormir, imaginaba a la güera dirigiendo la masacre en la carretera; después checar que los cuerpos quedaran bien sepultados, y de ahí seguirme al verme pasar, pensando que yo hubiera visto algo. 



     Dentro del caos de mis fantasías oníricas, se presentó ella vistiendo un negro negligé que resaltaba más el color de su piel, y provocándome con sensuales palabras y con los brazos abiertos, me aventó sobre la mullida alfombra donde hicimos el amor con tanta pasión e intensidad, que quedamos finalmente exhaustos. Fue entonces, que ella se levantó y se dirigió hacia el tocador trayendo una rosa negra la cual me entregó diciéndome: -¡Me has hecho feliz como nunca! En ese momento desperté de mi lúbrico sueño, con la certeza de que esa rosa negra era un regalo premorten.



     A partir de ese sueño, el cual sentí tan real, mí cabeza empezó a desvariar, ya no sabía si huir, o enfrentar lo que consideraba mi destino. Mi prima dándose cuenta de lo que me pasaba, me invitaba a ir con ella para "ayudarle" en sus trámites de boda.




     El salón se llenó, mi prima como toda novia recién casada se encontraba feliz, saludando, junto con el novio, mesa por mesa a todos sus invitados. Los músicos tocaban canciones norteñas y melodías románticas. Yo me encontraba sentado solo, disfrutando de la alegría del ambiente, y claro que no dejaba de admirar la belleza de las mujeres del lugar, y ensimismado en mis observaciones, alcancé a escuchar una conocida voz femenina que me dijo: -¡Hola, hoy si tengo tiempo para ti!



martes, 19 de abril de 2016

LA CONCEPCIÓN DE HERACLES (HÉRCULES) Antonio Fco. Rguez. A.

LA 
CONCEPCIÓN DE HERACLES (HÉRCULES)
(Mi versión sobre la astuta Hera)
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Zeus y Hera


Esa mañana un ruido estruendoso
Despertó a Hera
Toda sobresaltada
De su profundo sueño,
Pensó que los Gigantes
Atacaban el Olimpo,
Pero pronto se dio cuenta
Que eran los latidos
Del corazón de Zeus,
Que sonaban tan colosales
Como los del mismo sol.


Aprovechó que el dios dormía
Para meterse en sus sueños,
Y al leer sus pensamientos
Sintió una enorme rabia:
Zeus soñaba con otra mujer,
La mortal Alcmena,
Esposa de Anfitrión.


Hera preparó su estrategia.
Alcmena esposa fiel
Y doncella aún...
No amancebaba con Anfitrión
Hasta que éste no vengara
La muerte de los hermanos de ella.
La ocasión se presentó, y él salió
Con un ejército a cumplirla.


Zeus consideró oportuno el momento,
Se presentó disfrazado
Como el propio Anfitrión,
Sin saber que previamente
La misma Hera había adormecido
Y hecho invisible a Alcmena.
Disfrazándose como ella
Para recibir al dios.


Alcmena y Zeus


Ella también tenía gran ayuno carnal...
Y esperaba este momento
Con apasionada ansiedad.
Zeus contempló desnuda a la supuesta
Alcmena, quedando atónito
Al ver su piel rosada,
Las redondas, turgentes
Y voluptuosas formas
Que sobresalían de su cuerpo perfecto
Y virginal.
Ella se mantenía virgen...
Y el dios sabía de ello.


Ambos se buscaron,
Con sed y hambre infinita,
La apoteosis sexual
Por el supremo goce
Tras la conquista
De la joya himeneal.
Fue un orgasmo cósmico,
Durante tres noches,
(O por una que valió por tres).
No se sabe de otro igual,
Pues la entrega de uno y otro,
No se repitió jamás.


Cuando el dios se retiró
Extasiado de placer,
Hera pidió a su hija Ilitia,
Que pusiera simiente de él
En la aún adormecida Alcmena.


Alcmena al nacer el hijo del dios,
El cual fue llamado Alcides
O descendiente de Alceo,
Padre de Anfitrión,
Lo dejó abandonado
En las murallas de Tebas.


La diosa Atena, lo recogió
Y lo llevó a Hera para que le diera de comer
Ésta lo amamantó
Y él succionó con tanta fuerza
Que gran parte de la leche
Se regó en el cielo
Formando la Vía Láctea.
La leche de Hera,
Lo volvió inmortal.


Ella tenía sentimientos encontrados:
Por un lado amaba a la criatura
Y por otro lado, reavivaban sus celos
Al recordar que Zeus lo creó
Pensando en otra mujer.
Empero, manifestó su gran amor
Llamándolo Heracles “Gloria de Hera”.


Heracles continúo viviendo
Bajo el regazo de Alcmena.
Y los rencores de Hera,
Escribiendo con sus hazañas una historia
De gloria para las dos mujeres.

Heracles ó Hércules 



domingo, 17 de abril de 2016

SORTILEGIO Antonio Fco. Rguez. A.

SORTILEGIO
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Imagen de Internet




¡Cómo olvidarlo!
Igual que todas las mañanas,
Simplemente caminaba
En medio de la turba,
Metido en mis cotidianos
E intrascendentes pensamientos.


Cuando de pronto…
Un fulgor dorado
Hizo de lado el gris de esa mañana.
Y apareciste tú
Al frente de la multitud.


Tu incomparable hermosura,
Tu tez blanca, tus ojos azules
Y tus rubios cabellos
Resplandecían exuberantes
Cómo sol de primavera.


¡Ah, despertaste todos mis sentidos!
Mis ilusiones y mis deseos
Despertaron también,
Y con ellos la pasión…


No sabía si admirarte o adorarte.
Más no podía quedarme callado
Y de brazos cruzados,
Ese momento único en mi vida
Era para mí.


Me decidí…
Me paré junto a ti
Con mi mejor sonrisa
Y mirándote a los ojos
Te dije:
“Eres lo más hermoso
Que he visto en mi vida,
Y acabas de llenar mi alma
De felicidad”.


Te turbaste…
Te hice sonrojar…
Me regalaste tu sonrisa
Y tus ojos de mar…



DEMASIADO TARDE Antonio Fco. Rguez. A.

DEMASIADO TARDE…
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Finalmente no pude contenerme
Y busqué algo más que tu cariño,
Algo más que tu amistad.


Es bastante fuerte mi deseo
Y mis ansias también,
Necesito tus caricias,
Tu abrazo, tus besos,
Te necesito por completo.


Estoy enloquecido por ti,
Te necesito…
Te necesito…
Te necesito…
Pensé más de mil veces,
Decirte esto que siento por ti
Y lo grito hoy que ya no estás…
Que te has ido para siempre.


viernes, 15 de abril de 2016

EUROPA Antonio Fco. Rguez. A.

EUROPA
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado


Imagen de Internet

Zeus, dios del universo,
Aprovechando la ausencia de Hera,
Fue a su fontana favorita,
Y a través de sus musicales
Y transparentes aguas,
Observó el mundo terrenal,
Sus pupilas se dilataron de amor,
Y su corazón amenazó con escapar
De su poderoso pecho,
Al atisbar a la bellísima y virginal
Princesa Europa, cuya tez blanca y brillante
Sólo podía ser superada por la misma Hera.


Europa, hija de Agenor, rey de Fenicia,
Se divertía con sus doncellas,
Bañándose, danzando, cantando y
Recogiendo hermosas flores de los prados
A orillas del mar,
Como narcisos, jacintos, violetas,
Y hermosas rosas de un esplendor carmesí.


Zeus, amante de la belleza
Y gran conocedor del alma humana,
Se transformó en un magnífico toro
De inmaculada blancura,
Y de exquisita fragancia,
Superior a la de las rosas del lugar,
Sus cuernos eran
Como la luna en creciente.
Mirándola fulgurantemente
A través de sus ojos azules
Se acercó a ella muy mansamente,
Y doblando las rodillas,
Le besó los pies.


Europa no cabía en sí de gozo,
Acariciaba con frenesí su suave piel
Y coronó su cerviz
Con sus recién cortadas rosas.
El afrodisíaco aroma
que emanaba del toro
Desquició su cordura
Y le impulsó el deseo de montarlo
Y al hacerlo…
El Dios se lanzó
En carrera hacia el mar,
En dónde más que nadar,
Volaba a ras de las extensas aguas.


Iba atemorizada en un inicio,
Pero comprendió que era un Dios
Quien la portaba y entonces…
Regresó su gozo y se dejó llevar.


El dios detuvo en la isla de Creta
Su carrera, tomó su forma original
Cortejó con dulces y apasionadas palabras
A la princesa, quién subyugada…
Se dejó amar.